domingo, 30 de abril de 2017

Nuevas perspectivas

Y de repente, todo hace click, y se reordena. Quizás no absolutamente todo, pero una parte importante de mis pensamientos encuentra un sentido. Este es un té imprevisto, tardío y a deshora, pero no llega frío... Llega con muchísima esencia. 


Después de un tiempo, me reencontré con una parte sin resolver de mi pasado a través de un chico del que me enamoré, y que me hizo replantearme tantas cosas. Ahora, con la vida patas arriba y después de haber reflexionado y sufrido lo indecible, no hay perspectivas de futuro. No sé de qué manera acercarme a él, o hacerle entender que entre nosotros podría haber algo muy interesante, si él lo permitiera. Y entonces él me rechaza de una manera sutil (muy sutil), pero tangible. A buen entendedor, pocas palabras bastan. O más bien, a buen entendedor, las palabras vacías y el desdén, bastan

Pensaba que el destino me había hecho cruzar de nuevo con una situación similar en mi vida para que esta vez, aprovechara la oportunidad e hiciera las cosas de una manera diferente. Así que me dije a mí misma: "¡Ve a por ello! ¡Lánzate! ¡Permítete dudar de todo lo aprendido!". Y eso hice. Investigué tanto... madre mía. Investigué todo lo investigable. Y dentro de ese proceso, me encontré con partes de mí que ya creía olvidadas. Gracias a él, reaparecieron llenas de polvo, pero vieron luz después de tantos años sepultadas en algo que yo pensaba que era vida normal. Algo subjetivo, sustancial y básico que estaba en el fondo de mis pensamientos surgió de nuevo. Sentimientos, sensaciones, conceptos, costumbres, pensamientos, ideologías... Puede que a eso se le llame crecimiento, dejar evolucionar ciertas cosas. O puede que se llame simplemente ser sincero y consecuente con uno mismo y con su esencia.

El caso es, que me voy por las ramas, que me he dado cuenta de que por mucho que me regale, no obtengo resultado. Por muy amable que quiera ser, por mucho que me preocupe por él y sus problemas, por todos favores que le quiera hacer, por muchas invitaciones que él me quiera rechazar... él no está interesado. Sus razones tendrá. Pero he llegado ya a una conclusión: basta. Basta de regalarte. Basta de darlo todo recibiendo tan poca cosa a cambio. Gracias a él (paradójico), ahora sé lo que valgo. Más que antes. Y hasta dónde quiero  y puedo llegar. Es liberador llegar a este punto, después de tanta tensión acumulada. ¡Y yo que estaba segura de que esto era una oportunidad para estar por fin con "el chico de mis sueños"! Fue más bien la oportunidad de encontrarme con la persona que quiero llegar a ser, o al menos la que quiero llegar a ser desde donde estoy ahora. Creo que he ganado, aunque haya perdido batalla. 

¿Cuál era, pues, mi asignatura pendiente? ¿Luchar por quien yo creía que me haría más feliz? Después de vivir buena parte de mi noviazgo bajo la sombra de una frustración anterior, pensando en cómo sería compartir mi vida con la otra persona, en por qué aquello no funcionó, en qué hice mal, etc, pensaba que él sería la oportunidad para resolver todas esas cuestiones.  Ahora sé que no. Mi asignatura pendiente era aprender a aceptar la vida tal como viene. Que hay personas que, por mucho que lo intentes, no estarán locamente enamoradas de ti. Que la ilusión que viste al principio en los ojos de la otra persona y que se fue diluyendo, no estaría sustentada por algo sólido si el tiempo pudo con ella. Que no puedes culpar moralmente a otra persona por no sentir lo mismo que tú. Que, a veces, las personas no nos encontramos en el tiempo y lugar adecuados, aunque seamos compatibles. Que hay que tomar lo bueno que te aporte cada persona y las nuevas perspectivas que cada uno trae consigo. Que debemos aprender a dejar marchar sin resentimiento, sin convertir aquello en un duelo que dure para siempre. 

Ahora me queda el reto mayor: no convertir esto de nuevo en un drama. Simplemente coger y dejar ir. Y aceptar lo que viene y lo que se va. No pienso que haya personas que son piedras en el camino... nosotros las convertimos en piedras, o en diamantes. De nosotros depende. De mí depende ahora mantenerme a salvo de la melancolía cada vez que escuche una canción, una película, un poema, una palabra, un lugar o algo que me recuerde a él. Recordarle, ¿por qué no? Pues claro que sí. Ahora que él estará lejos, cerca de un puerto de mar, empezando su nueva vida, podría ser peligroso pensar de nuevo en la "oportunidad" que perdí, y en por qué lo "dejé escapar". Pero no debo moverme en esa franja de mi cerebro; no en la zona de la pérdida, sino en la de la ganancia. En la del aporte... En la de la luz.

¡Nos vemos en el próximo té!

jueves, 6 de abril de 2017

Amor para siempre

Últimamente pienso mucho en una idea: el amor sí puede ser para siempre. Se puede sentir amor por una persona durante toda tu vida. Y este es un concepto sencillo: en condiciones normales, sientes amor por tus padres, por tus hermanos, por tus hijos, manteniéndose durante toda la vida con mayor o menor intensidad (salvando las diferencias circunstanciales entre unos y otros seres humanos). 


Pero, ¿y en las relaciones de pareja? ¿Puede el amor vivir para siempre? Y si no es así, ¿qué nos hace romper el vínculo afectivo; dejar de sentir amor por esa persona? Pensando en que la pareja terminara su relación en las mejores circunstancias, me pregunto si el amor entre esas dos personas, fuera de una relación de pareja, estaría avocado a la extinción por circunstancias sociales o puede vivir para siempre. Yo me inclino más bien por lo segundo. 

Si admitimos que el amor entre dos personas que estrictamente no son familia puede ser para siempre, ¿entonces una relación de pareja también puede ser para siempre? ¿O no siempre es suficiente con sentir amor? El caso es que se habla mucho sobre la atracción entre dos personas, y cómo determina que ambas acaben posiblemente involucradas en algún tipo de relación, y que la "atracción sexual" en una pareja se agota aproximadamente a los tres años, como si de un reloj biológico se tratase. Con el tiempo, las relaciones sexuales se vuelven más esporádicas y quizá menos intensas, lo que evolutivamente no sería eficiente para la especie. Por ello, ese reloj nos determina a sentirnos atraídos por otras personas al cabo de un tiempo. Pero hay que tener en cuenta otra realidad: nuestro cuerpo quizá tenga mucho de animal, pero nuestra mente está unos pasos por delante de esa circunstancia. Nuestro amor, el amor que sentimos los humanos, creo que está más en la mente que en el cerebro, y a veces confundimos el amor con otras cuestiones, identificándolo como una emoción y no como un sentimiento. 

Volvemos entonces a plantear la pregunta, ¿es suficiente el amor para sustentar a una pareja a lo largo del tiempo? Le doy vueltas al tema y pienso en cómo se llega al punto de la rutina entre dos personas. Hay amor, sí ¡pues claro que lo hay! Pero falta emoción, conquista y atracción. Pienso en el gran número de parejas estables que estarán en esa situación, o en los millones de infidelidades que surgen a cada minuto a lo largo y ancho del planeta tierra. Pienso en las personas que se deciden a tener una relación abierta: a que una persona sea el amor y otras sean el sexo. ¿Realmente es efectivo? Habría que tener un punto de maduración y de abstracción muy grande para llegar a un equilibrio... Pienso en las personas que viven en pareja durante toda su vida, y son felices, con sus más y sus menos, pero con un pulso muy fuerte por mantener esa relación con buena salud. No se trata simplemente de acostumbrarse al otro, sino de intentar aportar y rescatar lo bueno de uno y del otro respectivamente, como si de una evolución constante se tratara. También creo que para eso se necesita un alto grado de maduración, para evitar caer en el tedio y la costumbre. La temida rutina. Pienso también en las parejas que rompen porque sienten que no tienen más que aportarse, pese a que se sigan queriendo. ¿O ya no es amor, y simplemente se ha convertido en cariño? En cualquier caso, ¿qué clase de magia debe tener el amor en pareja para que sea para siempre? 

Desde que lo dejé con mi pareja me encuentro en constante análisis sobre la vida, el amor y las relaciones humanas, intentando dilucidar por qué ocurren las cosas de la manera que ocurren, por qué en ocasiones nos vemos avocados a tomar ciertas decisiones para preservar nuestra felicidad, qué nos lleva a empezar o a terminar algo... qué impulso vital se esconde detrás de todos nuestros actos. ¿Realmente somos tan dueños de nuestra vida como nos creemos que somos? Si podemos llegar a ser felices sin plantearnos todas estas cuestiones o si, por el contrario, siendo más conocedores de nuestra propia historia, sabiendo reconocer nuestras debilidades y limitaciones, es la única manera que tenemos de encontrar el mejor camino para nuestra existencia. 

Ayer estuve leyendo la historia de Robert Smith y su mujer Mary Pole, que estuvieron juntos desde que se conocieron en el colegio, y nunca han estado con ninguna otra persona. Ellos han sabido mantener esa llama durante el tiempo y la distancia física, y estar con una sola persona no ha impedido que Robert Smith escriba grandes canciones de amor, como si de un nuevo amor se tratase. Esa clase de magia... me pregunto dónde reside.

¡Nos vemos en el próximo té!

Mary Poole y Robert Smith

viernes, 24 de marzo de 2017

El por qué de las cosas

(Está sonando: Another Sunny Day, de Belle & Sebastian)

No soy La Chica del Té porque no supiera qué nombre ponerme. La verdad es que para mi el té es inspirador. Siempre escribo aquí mientras me tomo mi Earl Grey, y suelo publicar en torno a "la hora del té" (las tres, las cuatro, las cinco de la tarde...); al menos la hora a la que yo me lo tomo. No suelo ser muy puntual británica, a veces simplemente me adelanto.

Desde siempre he tenido que saber el por qué de las cosas para entenderlas, y ahora que me pregunto el por qué de ciertas cosas que han ocurrido en mi vida, empiezo a entenderme. Ayer, hablando con mi madre, me di cuenta de que es una persona de contradicciones. Un poco como yo... un poco como todos, me parece. Me dijo que le da miedo que pase mucho tiempo en internet leyendo blogs, porque aquí contamos muchas tonterías y nos realimentamos unos a otros. Ella no sabe que escribo aquí (bueno, no lo sabe nadie), así que tampoco pude decirle que estaba en total desacuerdo con ella, y que si no hubiera escrito en este blog probablemente me hubiera vuelto loca. 

El caso es que, según ella, la vida no es tan complicada ni hace falta plantearse tanto las cosas: naces, tus padres te procuran la mejor educación posible, luego te intentas ubicar en la vida, trabajas, te asientas, etc. Me hizo gracia eso de "te intentas ubicar", porque es como si hubiera querido resumir un libro bien gordo en una sola frase: Te ubicas. Le intenté dar a entender que las cosas no son tan sencillas, que uno no puede pasar por la vida sin replantearse ciertos aspectos de ella, y al final me acabó confesando que tenía que comprenderla. Me dijo "tienes que entender que yo tengo un trauma ahí". Me sorprendió mucho que me dijera eso y le pregunté por qué; a veces las cosas más evidentes me resultan invisibles. "Pues por mi hermana; cuando se empezó a replantear tantas cosas fue cuando empezó su fin". 

Mi tía siempre fue una persona muy especial; tenía una enfermedad que la obligaba a medicarse cada día y que, por aquellos años, era una enfermedad cruel (aún lo sigue siendo) y complicada. Entre la delgada línea entre "estoy enfermo" y "soy una persona normal". Los años que la conocí estaba en esa etapa: en la filosófica, como yo suelo decir. Siempre la oía hablar de cosas que me parecían muy etéreas e intangibles, de la vida contemplativa y de espiritualidad. Leía muchos libros y siempre me pareció que nadie de nuestra familia la entendía. Yo tampoco, pero es lógico, era una niña. Nunca había sabido por qué se separó de su marido (en teoría, estaban felizmente casados); según mi madre, mi tía se empezó a plantear muchas cosas y pensó que él permanecería impasible e inalterable. Pero no fue así, entonces decidió separarse, porque no se sentía comprendida.  Y luego, al parecer, se arrepintió y pensó que podrían volver. No sé, no tengo muchos más datos. De la biografía de mi tía hay muchos capítulos que no se han hablado o que se han contado por lo bajo. Creo que por miedo.

Después de eso comenzó una andadura un tanto extraña en la vida de mi tía. A todos les tenía escandalizados. Cogía y dejaba trabajos, donó (casi) todas sus pertenencias, salía con chicos peculiares, se hizo vegetariana... Pero lo que más preocupaba a todos es que no se medicaba cuando tenía que hacerlo, lo que la acabó llevando a urgencias en más de tres o cuatro ocasiones (al menos las que yo recuerdo). Ella sostenía que no se sentía enferma, que ella no tenía ninguna enfermedad. Bueno, eso cuando se lo dices a un médico, te manda un volante al psiquiatra. Y de ahí al psiquiátrico. Diagnósticos, etiquetas, habitaciones con sábanas blancas, pasillos interminables, rejas en las ventanas y ese tipo de cosas. En realidad, para no sacar nada en claro. Nada se solucionó dentro de su cabeza; yo diría que ella, consciente de la mella que estaba causando en la familia, decidió darnos a entender que todo estaba correcto. Justamente cuando parecía que su vida estaba más o menos encarrilada (nuevo trabajo, medicación al día, piso nuevo), su corazón decidió que no podía con el exceso de todos los años anteriores, y falló una noche mientras dormía. 

Por eso a mi madre esta idea de pensar en la vida le da tanto miedo. Y todo esto fue porque yo le comenté una de las cosas que me había dicho mi ex-novio el otro día: "De lo único que me arrepiento es que haberme asentado tan pronto... de relajarme". Y de repente mi madre dije "¡Claro! Si eso ya lo sabía yo... Eso lo llevaba viendo años y años, pero claro, yo no te podía decir nada. Es que eso de que nunca quisiera salir de casa contigo, que siempre se acostara tan pronto, que le costaba mucho hacer alguna cosa contigo... Normal, ahora se arrepiente". Flipé bastante y le dije "Pues es eso mamá, ¡ahora me entiendes! Yo también llevo años pensando en ello, con esa frustración, pensando ¿esto es lo que me espera el resto de mi vida? Que vale que es un chico muy majo, muy atento, educado, trabajador, amable, cariñoso... Pero para mi había muchas cosas que faltaban."

Por primera vez sentí que mi madre me entendía. Siempre he notado que estando con él se me cortaban mucho las alas en ciertas cosas que para mí eran relevantes; pero no porque me prohibiera hacer cosas ni mucho menos, sino por su forma de ser. No le hago culpable, pues tiene otras muchas virtudes, pero en ese punto yo era incompatible con él. Supongo que esto trata de ver qué cosas estás dispuesto a aceptar de la otra persona, qué partes de ti no estarás dispuesto a desarrollar, simplemente porque con la otra persona sabes que eso no va a ser posible. Se trata de eso supongo, y del cortocircuito neuronal que me causaba pensar que mi vida sería así para siempre, que habría muchas cosas que no iba a poder conocer de mí misma... con él. Llevo años dando vueltas a esta idea, hasta que he decidido que no voy seguir con esas frustraciones a mi espalda. 

Y claro, llegados a este punto entiendo por qué mi madre está tan preocupada conmigo. Porque ve que no me motivo con nada, que me levanto sin ilusión por las mañanas... Supongo que en cierta manera ve a su hermana en mí. Pero yo encuentro muchas diferencias entre mi tía y yo. Aunque en realidad, ¿en qué nos diferenciamos unos de otros, metafísicamente hablando? En la forma de pensar, diría yo. Y últimamente sostengo que cuanto más te planteas las cosas, más riesgo corres de ser infeliz por no encontrarle sentido a tu vida. Pero no soy una derrotista ni una pesimista; si he tomado esta decisión es porque quiero ser más feliz de lo que era, porque no quiero volver a sentirme frustrada de esa manera. ¿Sería también el mismo motivo por el que mi tía tomó su decisión inicial de romper con todo? No lo sé... Pero en fin, supongo que ahora soy más consciente del riesgo, y de por qué a mi madre le crispa tanto que pase tanto tiempo "en internet". Ya le dije que tampoco estaba encontrando apoyo en mis amigos, así que me estoy dedicando a escribir, tocar la guitarra, dar paseos por el río, leer poesía y ese tipo de cosas bohemias. Simplemente, espero no estar liándola con tanto pensar. Simplemente quiero saber el por qué de las cosas, como siempre he hecho.

¡Nos vemos en el próximo té!

lunes, 20 de marzo de 2017

Lunes de horóscopo

El lunes es día de horóscopo. Con los rumores del fin de semana aún revoloteando por la habitación, entro en el ordenador y tecleo las palabras de rigor, mi mantra personal de estreno de semana, y le doy a intro. Y bueno: equinoccio, regente directo, la luna en mi signo... parece que pinta bien.

Ayer quedé de nuevo con el chico que me gusta. Primero cine y luego paseo. Hablamos de cosas más o menos triviales hasta que saqué un tema un poco más profundo y la conversación se tornó interesante. Resulta que no se encuentra cómodo con las personas, algo le impide sentirse totalmente relajado con alguien, y eso se extrapola a familia, amigos, novias, etc. Incluso a mí, claro está. Pues si supiera que yo también llevo ese nervio dentro cuando estoy con él... pero lo mío es por otra causa. Me acompañó hasta mi casa; fuimos dando un paseo por el borde del río mientras se hacía de noche. Una imagen que se me quedará en la retina, algo para construir un bonito recuerdo. Él en mi barrio, de noche, hablando, el olor a río, las casitas bajas, las últimas luces del día... Bonito, sin duda.


Nos despedimos y cuando llegó a casa me escribió al móvil. En los tiempos que vivimos las citas no se acaban si no se quiere: ahí está la mensajería instantánea para decir lo que se ha quedado en el tintero. Y es que en algún momento de nuestro paseo le dije que había estado pensando en cosas que habíamos hablado días antes, y que me daba la sensación de que le cuesta ilusionarse con la vida, y así comenzó otra conversación escrita. Que tuvo una novia hace años pero que no ha sentido que se haya vuelto a enamorar. Pues vaya, le respondí yo. Que le cuesta mucho crear un clima de confianza para que comience algo, pero que confía en que cuando entre dos personas hay sintonización, ocurre solo, de una manera natural. Es discutible, añadí. Porque no siempre se tienen las cosas tan claras por ambas partes, cuando se trata de dos personas muy iguales. Cuando es un sí pero no. Cuando por timidez o inseguridad ambos se quedan sin saber qué está pasando en realidad

He tenido mucho tiempo para pensar en esto, porque básicamente es la historia de mi vida. Para una persona como nosotros lo fácil es que nos busquen, nos halaguen, nos digan las cosas bien claras. Alguien con la seguridad que otorga no tener miedo a una negativa, porque ya vive en ella, y lo único que queda es la opción de cambiarla. Así es como empezó mi primera relación de pareja. Pero no siempre tiene por qué ser así.

Después de la conversación estuve pensando un buen rato: creo que no lo ve. No ve lo mismo que yo. Yo sí percibo esa sintonía, a veces más sutil y a veces más evidente. Puede que sea por el momento que vive que le impide ilusionarse, o porque es difícil para él comunicarse con las personas a través de las palabras. Pues dejaré de comunicarme con él exclusivamente a través del verbo, algo que ya intuía que no terminaba de ser eficiente.

Sé que estamos ahí, uno frente al otro, esperando algo. Hace años decliné la opción de ser la persona que empieza, la que pone en funcionamiento el engranaje. Era mucho más joven y no tenía ni idea sobre prácticamente nada, no tenía herramientas. Resulta que ahora sí que sé lo que quiero y lo que no. Hace unos días una amiga me dijo "¿Sabes lo que quieres? Pues ve a por ello"; y no le supe contestar. Ahora tengo la respuesta. Aunque a veces me atrapen las dudas en sus monstruosas redes, deformando mis pensamientos, lo he visto. Te he visto y me he visto. Sé lo que he sido y lo que no quiero volver a ser. Sé que esto no me va a ser fácil, pero no todos los caminos que llegan a buen puerto deben serlo. No estoy hablando de enfrentarse al otro, sino de enfrentarse a uno mismo. Lo que podríamos descubrir por el camino podría cambiarnos para siempre.

También nos lo dice el horóscopo: parece que estamos preparados para lo que venga.

¡Nos vemos en el próximo té!


jueves, 16 de marzo de 2017

Entre vivir y soñar

Cuando era pequeña tenía varios amigos imaginarios. Supongo que es algo normal en los niños, y más teniendo en cuenta el hecho de que no tengo hermanos y siempre he tenido poquitos amigos. Entonces, lo que no tenía, la compañía que anhelaba, me la tenía que inventar. Siendo un poco más mayor, esos amigos imaginarios se convirtieron en fantasías que soñaba de día. Me imaginaba con cualquier otra persona, viviendo una vida ajena, en otro lugar y haciendo otras cosas. Cualquier evocación me servía para realimentar mi imaginación: una escena de una película, una serie, una canción, una fotografía, la imagen de alguien desconocido, una conversación que escuchaba en la calle... Y construía una realidad paralela a partir de ahí. Podía pasar horas en esas ensoñaciones en las que no me sentía sola, viviendo una vida más emocionante que la que yo tenía, la cual valoraba como razonablemente aburrida.


Tenía un gran afán por imaginarme con una presencia masculina, y vivir apasionados romances. Y de ahí surgió el inventarme historias y conversaciones que copaban mis pensamientos antes de dormir. Tenía verdaderas conversaciones filosóficas con ellos, les contaba mis problemas y llegábamos a buenas conclusiones. Mi submundo nocturno era como un oasis al final del día. Los chicos de carne y hueso que me gustaban también se convertían en objeto de mis divagaciones mentales y mis historias imaginarias. Algo verdaderamente peligroso, ya que, en realidad, se trata de pensar a la otra persona en base a lo que te gustaría que fuera. Esa abstracción hacía que el mundo real cada vez me gustara menos, porque no encontraba mi lugar en él. Pero es que en mi mundo imaginario me sentía acompañada y valorada, algo que no encontraba en mi vida diaria.

Ahora que vuelvo a estar sola de nuevo después de muchos años en una relación, siento otra vez que mi imaginación divaga hacia similares escenarios, volviendo a caer en mis ensoñaciones. Creo que es una necesidad de respaldo emocional, de saber que existe alguien que me entienda y me quiera por lo que soy. Llegué a pensar que esto ocurre porque no me quiero lo suficiente, porque tengo un fallo en mi autoestima, pero empiezo a dudar de que esa sea la causa. Soy consciente de mi valía, de mis posibilidades y de muchas de mis limitaciones, y aún así sigue siendo muy difícil encontrar a alguien que me valore, que se atreva a ahondar más allá de la superficie y se sienta cómodo con lo que ve. 

Quizá busco una utopía. Me pregunto si hay alguien ahí fuera sintiendo lo mismo que yo, o son todo quimeras de mi imaginación. Me pregunto si es miedo a la soledad o va más allá. Me pregunto si debería pensar que conmigo me basto y me sobro. Me pregunto si estoy buscando en lugares donde nunca voy a encontrar nada. Me pregunto si siempre he estado en el lugar y momento equivocados. Me pregunto...

Tantas preguntas a las que ahora mismo no puedo dar respuesta. Mientras tanto mi mente, irremediablemente, vuelve a volar, imaginándome lejos. ¿Es una cuestión de perspectiva? ¿De expectativas? Quizá sea por mi capacidad para visualizar el futuro: mi pragmatismo anticipado me envía señales y me pone sobre aviso de los caminos que con el tiempo se volverán vacíos. Quizá, simplemente, sea ser inconformista.

¡Nos vemos en el próximo té!


miércoles, 15 de marzo de 2017

Premios Liebster Awards

Esta será una entrada diferente, ya que hace unos pocos días El Blog de Ángela me nominó a un Liebster Award, que es un premio que se otorga a los pequeños bloggeros (de menos de 200 seguidores), con el principal objetivo de darles a conocer un poquito más. Me parece una muy buena iniciativa y desde aquí quiero mandar un saludo y todo mi agradecimiento a Ángela por todo, e instaros a que visitéis su blog cuanto antes!

La historia es que tengo que contestar una serie de preguntas propuestas por Ángela, nominar a los blogs que considere necesario (hasta 20) y dejar las preguntas que quiero que mis nominados respondan. Así que sin más dilación, empiezo...

¿Cuál fue el motivo inicial de crear tu primer blog?
Llevaba tiempo rondándome la idea de escribir algo de una forma ordenada, con una especie de hilo conductor, y de paso, aclararme las ideas. El blog me parecía la mejor manera de vehiculizar mis pensamientos de una manera constructiva.

¿Por qué te gusta comunicar con el mundo a través de este sistema?
Siempre me ha parecido que hay cierto romanticismo en el hecho de de escribir en un blog, crear un lugar virtual que se corresponda un poco con tu pequeño universo personal o emocional, poner parte de ti en él y descubrir el poder sanador de la palabra escrita.

¿Qué consejo darías a alguien que se está planteando crear un blog?
Que no se lo pensara demasiado; si de repente se le viene a la cabeza una idea sobre la que hablar, que la escriba inmediatamente y comience la aventura. Y que no piense en las personas que le van a leer; simplemente que escriba para sí mism@.

¿Qué tipo de contenido tienen los blogs que sigues?
Bastante variado; sigo muchos blogs personales como el mío, otros sobre música, sobre cine, críticas literarias, poesía, relatos... 

¿Hay alguna entrada en tu blog de la que te sientes especialmente orgullos@?
No tengo ninguna en concreto; quizá una titulada Algo bonito para ti, porque me gusta como fui encadenando la historia y porque en su momento fue una gran revelación que me vi obligada a escribir sin remedio. Quizá dentro de un tiempo me sienta especialmente orgullosa de otra, quién sabe...

¿Tienes algún reto especial de cara al futuro para tu blog?
Probablemente la continuidad. Me gustaría seguir escribiendo y creciendo poco a poco, descubriendo nuevos lugares de la mente humana, nuevas teorías, nuevas revelaciones... y compartirlas. Ser constante también es un reto.

Si tuvieras que dejar de ser persona y tu existencia cambiase a ser del reino animal, ¿qué animal elegirías ser?
Con total seguridad diría que un gato, porque los adoro y me aportan mucha paz. Nunca me había parado a pensar en ello, así que no sé si sería el animal que mejor me representara, pero definitivamente molaría ser gato por un día.

Si por alguna razón pudieses elegir un súper-poder como los superhéroes, ¿Cuál te gustaría tener?
Ufff... ¡Se me ocurren tantas cosas! De pequeña quería tener el don de detener el tiempo... Adivinar el futuro me gustaría, pero sería un arma de doble filo. Quizá ahora me vendría bien el superpoder de no darle demasiadas vueltas a las cosas y disfrutar de lo que me ofrezca la vida. Lo considero un superpoder porque para mí es bastante difícil.

¿Puedes compartir tu canción favorita y por qué motivo es tan especial para ti?
Para mi es muy difícil elegir una, porque depende del momento, pero llevo mucho tiempo enamorada de la música y la letra de las canciones de Sting, y podría citar muchas. Hoy me voy a quedar con If I ever lose my faith in you, porque habla sobre perder la fe en muchas cosas, pero cómo tener fe en una persona te puede salvar la vida. Eso es amor.

Dedica unos cuantos renglones a explicar qué te gustaría cambiar de este mundo y cómo debería conseguirse ese cambio.
Últimamente creo que la mayoría de los problemas que existen en el mundo se resolverían con una buena educación desde niños, y no estoy hablando de ir al colegio más pijo de la ciudad ni de ir de uniforme; hablo de educación en valores, desde el amor, la compasión y la tolerancia, en el más amplio sentido de cada palabra. Qué difícil me parece hoy por hoy. 

¿Tienes prevista cuál será tu próxima aportación a tu blog? ¿Alguna idea del contenido?
Admito que llevo un tiempo ligeramente bloqueada con el contenido, fundamentalmente porque escribo sobre "mi vida" y mis revelaciones personales y ahora mismo estoy en un momento de parón emocional. Pero tengo previsto escribir varias cosas sobre varios temas (qué preciso...).


Y LOS NOMINADOS SON...
  • El Bar de Rick. Porque escribe con impecable e implacable precisión sobre la música, y sus últimas entradas sobre la música en España me han volado la cabeza... ¡Genio!
  • Deux Ex Machina 2.0. Lo he descubierto recientemente y me parece un gran blog sobre críticas de cine; es capaz de destilar como en un alambique la esencia de la película de una manera muy objetiva. 
  • Palabras en el tiempo. Blog de poesía escrita personalmente por la autora. Simplemente hermosa.
  • Durmiendo en los coches. Nunca disfruté tanto de la prosa poética. Sus reflexiones remueven algo por dentro, quizá por la capacidad de evocar imágenes que ahondan en nuestro subconsciente con las que cualquiera puede sentirse identificado, utilizando tándem literatura/naturaleza que amalgama con tanta delicadeza en sus textos. Una forma de escribir muy reconocible, con imágenes y recursos propios. 
  • La vida misma. Más prosa poética que bien se podría convertir en canciones urgentes, de estas en las echar demonios fuera para que dejen de revolverse por dentro. Melancolía urbana y cruda.  

Y las preguntas para mis nominados son... 
  1. ¿Qué te inspiró para crear tu blog?
  2. ¿Por qué te gusta comunicar con el mundo a través de este sistema?
  3. ¿Qué consejo darías a alguien que está planteándose crear un blog?
  4. ¿Qué tipo de contenido tienen los blogs que sigues?
  5. ¿Hay alguna entrada en tu blog de la que te sientas especialmente orgullos@?
  6. ¿Cuáles son tus blogs favoritos y por qué?
  7. ¿Qué te motiva más para escribir en tu blog?
  8. ¿Cuál es tu película favorita y por qué es especial para ti?
  9. ¿Cuál es tu canción favorita y por qué es especial para ti?
  10. ¿Cómo ves tu blog en el futuro? ¿Qué expectativas tienes en él?
  11. ¿Te has planteado escribir un blog con una temática completamente diferente? 
Me gustaría dar de nuevo las gracias a Ángela por nominarme; hay muchos otros blogs seguro merecedores de una nominación, por eso animo a mis nominados a seguir con esta cadena y seguir dando a conocer el contenido de los blogs que siguen. Desde que comencé mi andadura por La Blogosfera he descubierto cosas que jamás imaginé: textos con muchísima calidad, con la que muchos best-sellers actuales ni siquiera pueden soñar; autores con una capacidad sintética y de comunicación maravillosa; personas en plena ebullición deseosas de compartir sus filosofía con los demás que hacen que recupere la esperanza en el género humano... Creo que hay mucho por descubrir y este tipo de iniciativas ayuda a que tantísimo talento no se quede reducido a una pequeña parte de Internet, y empiece a formar parte positiva de la vida de otras personas. 

¡Nos vemos en el próximo té!


lunes, 6 de marzo de 2017

La vida en las cavernas

Últimamente mis días son ciertamente caóticos; no me centro. Quizá sea porque tengo demasiados proyectos entre manos y muchas ganas de desarrollarlos todos a la vez. O porque de repente veo que la vida que para mí tenía un sentido ha ido cambiando hasta estar bastante irreconocible. No es que eso me desaliente, pero inevitablemente me desconcierta, y me distrae.

Desde que tengo uso de razón, los estudios han constituido el principal motor de mi vida. Estudiar y sacar buenas notas era algo fácilmente correlacionable: si te aplicabas, salía bien y se te reconocían tus méritos. Y en verano, vacaciones y a disfrutar de la vida: amigos, pisci, familia, pueblo, helados, acostarse tarde, noches estrelladas, etc. Nadie te prepara para qué pasará cuando se acabe eso. Ahora entiendo a aquellos que sacaban malas notas y además les daba igual. Quizá porque en la vida hay otras cosas más "relevantes", y ellos, inconscientemente, eran poseedores de esta sabiduría. Que si hábito de estudio, que si lo que hagas hoy servirá para construirte un futuro el día de mañana, que si trabaja día a día... Joder, valores que yo personalmente tengo a fuego grabados en la cabeza. El problema es que no lo son todo. En serio, ¿quién te prepara para lo que viene después? Y ya no estoy hablando del momento de entrar en el mercado laboral, con sus consiguientes incógnitas vitales... Voy más allá. Estoy hablando de que incluso cuando ya has empezado a trabajar, sigues con el mismo riesgo de no entender qué estás haciendo, aunque estés haciendo algo que te llena y te gusta, algo para lo que te has preparado. 

¿Y si el trabajo no dignifica al hombre? ¿Y si estamos haciendo las cosas al revés? ¿Realmente es necesario trabajar en lo que a uno le gusta para sentirse bien? Vaya... qué sorpresa me he llevado cuando me surgió trabajo "de lo mío", y seguía igualmente desmotivada. Igual es que sigo sin poder poner mis asuntos en orden, como sabréis aquellos que habéis transitado alguna vez por este blog. Ahora que he acabado de estudiar y estoy trabajando, ahora que ya no tengo pareja después de siete años y medio, ahora que tengo menos relaciones sociales que nunca, ahora que parece que el tiempo se detiene a ratos para recordarme que sigo sin ubicarme en la vida, ahora que intento centrarme en mí misma sin llegar a conseguirlo, ahora que... Un largo ahora que...

Desde hace un tiempo pienso en cómo hemos construido nuestra sociedad, nuestro mundo... ¿cómo demonios hemos llegado hasta aquí? Toda esta infraestructura social que nos hemos autoimpuesto me parece absurda y me pregunto cómo serían las cosas si todo fuera más sencillo. Quiero decir, ¿cómo sería la vida si todavía viviéramos en las cavernas? ¿Estaríamos preocupados por todas estas cosas? Naturalmente que no... ¿o sí? ¿Estaríamos preocupados por ubicarnos en la vida? ¿O estaríamos más preocupados por encontrar alimento, cobijo e intentar no morirnos a los 35? ¿Estaríamos preocupados por nuestras relaciones sociales? ¿Qué nos hizo llegar hasta aquí? 

Pienso que hemos llegado hasta este punto por nuestra imperiosa necesidad de "mejorar" las cosas, de mejorar nuestra vida y hacerla más cómoda y segura. Desde un punto de vista evolutivo, como especie este comportamiento es totalmente comprensible (en la Naturaleza siempre se tiende a eso). Pero claro, en todo ese proceso también tuvimos que desarrollar nuestro cerebro... ¿Será nuestra inteligencia la causa de nuestros problemas? ¿Sería mejor vivir en la ignorancia, como los animales? Lo verdaderamente relevante es que, llegados hasta nuestros días, todos los demonios interiores del ser humano han aflorado y los vemos cada día en nuestras vidas, en nuestros trabajos, en los medios de comunicación, y el reflejo es que vivimos en un entorno más deshumanizado que nunca. Es intoxicante. Creo que antes, en las cavernas, se le daba mayor valor a la vida, estoy segura. Ahora parece que la vida es algo que tenemos que vivir por obligación y dentro de una serie de pautas absurdas. Por eso es un sinsentido. Quizá quienes no se lo plantean no ven que es un sinsentido, y para ellos, la vida tiene sentido. Qué paradoja. 

Entonces, toda aquella infraestructura social en la que he vivido los últimos veinte años me ha protegido relativamente de plantearme todas estas cuestiones. Pero una mente en ebullición como la mía solo estaba postergando el momento de enfrentarse a ello abiertamente. Nadie te prepara para cuando se disipa esa cortina de humo, y es entonces cuando necesitas romper con todo para ver qué misterio encierra la vida. Un poco como hizo Descartes en el Discurso del Método, empezar a dudar de todo. Ahora entiendo a aquellos pensadores griegos que se pasaban el día en túnica blanca filosofando sobre la vida... Desde que salimos de las cavernas, no nos ha quedado otro remedio.

Aquí Johnny Depp en Desde el Infierno, buscándole sentido a su vida a través de una
botella de absenta ;D 

miércoles, 15 de febrero de 2017

San Valentín traicionero

¡Y yo que pensaba que me iba a librar de escribir una entrada dedicada a nuestro escurridizo amigo San Valentín! Es cierto, lo estoy haciendo porque quiero, aunque más bien diría que porque no me queda otro remedio: esto de escribir acaba siendo como un exorcismo.

Este ha sido el primer San Valentín desde hace ocho años en el que estoy soltera. Me levanté pensando que iba a ser un día normal y corriente, sin darle la mayor importancia, dispuesta a pasar de mensajes, frases, fotos y demás alegorías virtuales. Y supongo que lo conseguí, pero llegó un momento en el que entré en una espiral de dudas acerca de todo lo que había hecho hasta ahora. Os cuento.

La semana pasada, el chico que me gusta y yo quedamos solos un par de días para salir: un día fuimos al cine y al otro día fuimos al teatro... Guau, yo estaba un poco en las nubes, no me lo terminaba de creer. El día del cine no fue mal, pero fue quedar justito para entrar a la sala, y al salir, por circunstancias, no nos pudimos entretener demasiado hablando. Lo evidente fue el día del teatro, en el que él se fue directamente a su casa sin dar opción a hablar un poco, tomar algo, etc. Simplemente se despidió... y adiós muy buenas. Me quedé con una poker face estratosférica, que creo que no supe disimular de ninguna manera. No entendía lo que había pasado... ¿hola? ¿no me acompañas ni siquiera a la parada del bus? Vamos, no fue suficiente saber que pasa de mí, sino que además me entero de que para él los formalismos y la consideración son algo con lo que no está muy familiarizado, o que en cualquier caso, no iba a aplicar conmigo.


Dudas y remordimientos al canto. A quién quiero engañar: me pillé de otra persona mientras tenía pareja y se me vino el mundo abajo. Yo sabía que era algo que me iba a suceder en un momento u otro, porque sé de sobra las cuentas pendientes que dejé conmigo misma. Y con la esperanza de que este nuevo chico me dejara entrar en su vida, dejé a mi novio. Pensaba que eso le haría acercarse más e intentar algo, ya que me parecía que yo también le gustaba. Cuando el otro día pasó de mi, me quedó bastante claro que mi actitud tenía que cambiar, que estaba esperando demasiado del mundo. Ya me valió, exigirle tanto a una persona, depositar tantas expectativas. Si os soy sincera, después de tantos años en una relación, ya pensaba en el otro chico como mi futuro novio... ERROR, tremendo error. ¿Por qué te hiciste eso a ti misma?, me pregunto ahora. Me acomodé a la sensación de vivir en pareja, y aunque sabía que debía vivir un tiempo sin ella para aclararme las ideas, no podía evitar desearlo.

Y entonces, nuestro amigo San Valentín hizo de las suyas cuando me fui a dormir el día 14, porque ¿qué sería de un San Valentín de soltero sin un poco de autodestrucción y un par de horas en vela? Y ahí vinieron todas las dudas de golpe, mezcladas con un montón de sentimientos que no sé ni desengranar: ¿Por qué de repente no recordaba ninguna razón sólida para hacer lo que hice? ¿Por qué me sentía estúpida por haber terminado una relación tan bonita, así, por las buenas? No encontraba el propósito a mi decisión, y me pareció que había estado tres meses perdiendo el tiempo y complicando las cosas cuando son mucho más fáciles, dejándome engañar por quimeras y cortinas de humo que me había construido yo misma... y entonces llegó la pregunta del  millón, que nunca había venido a mi con más fuerza ¿Y si vuelvo con mi novio?

Cuando al día siguiente me levanté por la mañana, nuestro amigo San Valentín ya se había ido, lo que me permitió recuperar mi objetividad, y había venido otro santo, concretamente San Claudio de la Colombière (según mi calendario), un santo con mucha más templanza y mano izquierda:

 - Cuéntame, querida, ¿de qué te va a servir volver con tu novio si todavía no has solucionado ninguno de tus problemas? ¿Y si después de retomar la relación vuelves a estar frustrada y le comienzas culpabilizar? ¿No crees que te debes una oportunidad a ti misma?
 - Tiene usted razón, San Claudio, ahora mismo sigo estando muy débil emocionalmente para tomar cualquier decisión.

Qué traicionero San Valentín, que te descoloca tus esquemas incluso subconscientemente... yo que creía que eso de sentirse mal el 14 de febrero por no tener pareja era algo inventado por el mass media... ¡Ingenua de mí!

Pienso que no he tomado decisiones desacertadas: el origen de mi sufrimiento ha sido esperar y desear que ocurrieran cosas que no estaban en mano de nadie. Por eso os digo que primero, antes de tomar una decisión tan trascendente, hay que pararse a pensar muy mucho las cosas, sobre todo darse a uno mismo la oportunidad de descubrirse y valorarse un poquito más, porque no necesitamos a nadie para estar completos. Los que me leéis habitualmente estaréis cansados de ver esta idea por aquí... Me conviene repetirlo, a ver si de una vez me lo acabo creyendo.

¡Nos vemos en el próximo té!


sábado, 11 de febrero de 2017

Amor, apego y desesperación

El otro día leí una entrada muy interesante sobre el sentimiento de apego relacionado con el amor. Resulta que hoy por hoy el apego se considera algo negativo, porque mal entendido lleva a desarrollar relaciones dependientes y a la frustración. La autora introduce un concepto que me parece brillante, el de la gente desnatada, con 0% apego (¡me quito el sombrero!), que busca, ni más ni menos que deshacerse de este sentimiento para no sufrir. 

Hace muy poquito tiempo yo estaba en una situación emocional bastante comprometida, por decirlo de alguna manera. Supongo que fue fruto de una frustración previa que ya acarreaba, pero el caso es que me empezó a gustar otra persona (como ya comenté aquí) y estuve bastante desesperada por varios motivos, entre ellos, porque no veía la manera de llegar a él (muy probablemente una barrera autoimpuesta). La frustración que me generaba pensar que yo no le gustaba y que no había nada que hacer, era intensa y me devastaba por dentro. Durante varias semanas ese sentimiento estuvo en la base de mis pensamientos, a veces un poco más atenuado, pero siempre presente. 

En esa desesperación me dedicaba a buscar cosas que me hicieran sentir mejor en sitios poco recomendables: foros, vídeos, webs "para mujeres"... Allí donde habitan consejos horribles que fundamentalmente desempoderan al género femenino (bueno, y a cualquiera). Bien es verdad que cuando se trata de internet, uno encuentra lo que quiere encontrar y no lo que necesita, no es la bola de cristal. Hiciera la pregunta que hiciera siempre acababa en listas del tipo "10 Consejos para seducir a un hombre", "Cómo hacerle saber que existes", "7 Trucos infalibles para que se fije en ti", y un largo etcétera que casi prefiero no recordar. Pero el culmen de esa triste búsqueda llegó cuando un día llegué a un canal de Youtube en el que un hombre se dedica, entre otras cosas, a dar consejos a mujeres que le mandan misivas desesperadas sobre sus relaciones. Concretamente, tiene una serie llamada Penas de amor, en la que las suscriptoras le envían sus historias, él las lee y al final del vídeo las comenta y les da consejos... en fin. Su más sincera intención es la de ayudar, pero a poco que visualicéis algún vídeo de estos os daréis cuenta de que en ellos hay muchos tópicos machistas que no cambian el paradigma y no hacen sino realimentar modelos negativos. El caso es que después de ver dos o tres vídeos de este estilo me empezó a entrar muchísima angustia, porque había historias desgarradoras, en las que se mezclaba la frustración en el matrimonio con el descubrimiento de un nuevo amor, relaciones disbalanceadas en la que el hombre solía estar en posición de poder, amores perdidos sin saber por qué, mujeres desesperadas por atraer de nuevo a su hombre y todo tipo de relaciones abusivas emocionalmente. Me dije "¿Esto es lo que me espera? ¿Es lo que quiero para mi vida: estar pendiente de los devenires de otra persona, darle un cetro de poder sobre mis emociones?" Lo vi muy chungo.


No hay mal que por bien no venga, porque al día siguiente cuando me levanté sentí que me había quitado un peso de encima, así, de repente. Ya no tenía ese agobio ni esa desesperación por saber si le gustaba o no a ese chico: si tenía que ser, sería, y si no, no era para mi. Fue como si esos vídeos me hubieran quitado todas las tonterías de una bofetada virtual

Poco a poco te va llegando todo lo que necesitas, si lo permites. Prueba de ello es que llegué a esa entrada que comentaba sobre el apego. Hablando con la autora en los comentarios, me comentó que para disfrutar de las personas es importante no hacerlas imprescindibles, sino compañeras de camino, sin crear dependencias ni uniones basadas en la atadura. ¡Qué difícil me parece! Sobre todo porque nadie nos educa en ello: vivimos en un entorno absurdo en el que no queremos sentir apego, pero no se nos enseña a querer sin poseer. Como bien apunta en otra de sus entradas, el amor es una asignatura pendiente, porque se presupone que la enseñanza en esta materia nos la da la vida y debemos aprender sobre la marcha. Más bien lo que hacemos es lastimarnos y lastimar a los demás sobre la marcha.

Me doy cuenta de que este es un tema muy usual en mi blog; hace tiempo escribí una entrada sobre los pasos que hay que dar antes de embarcarse en cualquier relación sentimental, y otra un poco más reciente en la que hablaba de lo difícil que es aplicar esa teoría al plano práctico, pero lo necesario que es si no queremos que cualquier vaivén externo nos tumbe y nos determine la vida, y por consiguiente, nuestra felicidad.

Poco a poco voy detectando errores que he cometido (y que probablemente siga cometiendo), pero el hecho de saber que primero debemos contar con nosotros mismos  para después entregarnos a los demás es una idea que me empodera, pero en la que que debo seguir trabajando (y sospecho que no soy la única que tiene que hacerlo). No podemos pretender poseer a los demás; el amor va mucho más allá de todo eso. Ya lo dice la canción de Sting: If you love somebody, set them free (Si amas a alguien, déjalo ser libre). Es una verdad como un templo. Es la forma más sana de amar, tanto para nosotros mismos como para la otra persona. Además, me he dado cuenta de que en el momento que dejas de intentar amarrar y aprisionar lo que tanto ansías por miedo a que no sea posible o a que se vaya, todo se vuelve mucho más fácil, ya que dejas de depender de lo externo para sentirte bien... es una liberación. Y eso no es desapego, es amor sin cadenas.

¡Nos vemos en el próximo té!


lunes, 6 de febrero de 2017

La ciudad de las estrellas

"El sueño de tu vida no siempre se corresponde con la vida de tus sueños"


No voy a hacer una crítica de la película, que podrá ser mejor o peor técnicamente, porque no soy experta en cine ni pretendo serlo; quiero hablar de lo que me ha transmitido como espectadora. Es más, me gustaría huir de análisis técnicos, agravios comparativos y palabrejas enrevesadas que tanto hacen las delicias de críticos y cinéfilos (sin que nadie se ofenda). Sobra decir que esto va con spoilers incluidos

Entré en la sala de cine sin muchas expectativas, esperándome la típica superproducción hollywoodiense, porque era lo que me parecía (es más, es la estética que la película persigue). Las primeras escenas de baile y música me confirmaron todo lo anterior, hasta que empecé a conocer la historia detrás de cada personaje: una actriz buscando su oportunidad para triunfar, un músico buscando la oportunidad para hacerle entender al mundo cuál es la música que merece la pena. La pasión y la frustración es lo que, cósmicamente, les hace coincidir, entrelazando sus destinos y dándoles la oportunidad de construir algo juntos. 

Los dos están de vuelta de muchas cosas, sobre todo él, lo que en un primer momento le hace perderse la oportunidad de conocer a la primera persona que en mucho tiempo ha sabido apreciar su música. Pero el destino le brindará otra oportunidad más adelante en una fiesta, y ambos saben que no pueden dejarla escapar. Cuando ésta acaba y él la acompaña a su coche, el hilo conductor de la escena es "mira, no me gustas, es una pena que sea una noche encantadora, pero... vaya, no hay ni una pequeña chispa, lo siento". Al menos eso es lo que los personajes se dicen verbalmente, pero no es lo que está ocurriendo dentro de ellos, como así lo deja claro el primer número de baile que interpretan juntos. La química es casi instantánea. El problema no es el corazón, sino la mente que te está diciendo que no te ilusiones y que intentes rebajar las expectativas (o más bien, aniquilarlas).


La noche acaba y se despiden sin siquiera darse un número de contacto. Pero es evidente que él no lo necesita, ya que sabe dónde encontrarla: en la cafetería donde trabaja. Obviamente, allí estará él al día siguiente, para invitarla al cine. ¿Clásico? Obviamente. Pero hay un problema: ella tiene pareja, y la cita del cine coincide con una cena de negocios con su novio formal. Ahí es donde ella toma su primera decisión vital. Acepta ir a la cena, pero no por mucho tiempo. Sabe el mundo que se ha abierto ante sus ojos (o que podría llegar a abrirse) y no puede dejarlo escapar. Se levanta de la mesa y se va corriendo al cine. 

Allí está él, ya un poco escéptico, pero sentado en la butaca correspondiente. Se miran, ella se sienta, y no median palabra. No necesitan hacerlo, la comunicación entre ellos es fundamentalmente a través de las miradas. No sé qué habría sido del guión sin ese factor añadido. Este es el primer peldaño de una relación que empieza. Comienzan a pasar mucho tiempo juntos, a compartir sueños e inquietudes. Él la anima a escribir su propia obra de teatro, y ella le insufla a él la suficiente vida como para que se de cuenta de que debe luchar por su sueño, aunque para ello deba aceptar un trabajo que no le gusta, para en el futuro poder montar su propio club de jazz.


Su relación es intensa, no hace falta ser muy perspicaz para darse cuenta de que la influencia de uno en el otro es profunda y transformadora. Poco a poco va pasando el tiempo y la vida, surgen momentos, ideas, canciones, oportunidades, discusiones... El bache de rigor de toda película, la crisis en la relación. Y también la gran oportunidad de ella, el momento de salir al extranjero, trabajar duro y luchar por lo que ha estado soñando en la ciudad de los sueños. Él le dice que debe centrarse por completo en ello, lo que conlleva dejar su relación.

Años más tarde, la vemos a ella: estrella triunfadora del momento, reputada actriz, carrera económicamente solvente, alta costura, casa enorme, marido con traje, hijos con asistenta... ¿Es la vida que quieres? Nos preguntamos todos, sentados en las butacas. El director ya se encargó que todo aquello no nos encajara mucho. Ella y su nuevo marido salen a cenar, y después a escuchar música. El destino, veleidoso y juguetón, decide que entren en el club de jazz de él: abarrotado de gente, con vida, músicos profesionales, público amante del género... Pero su mirada, vacía, sin chispa ¿Es la vida que quieres? Nos preguntamos todos, sentados en las butacas. Él la encuentra con la mirada. Se sienta al piano, y comienza a tocar su canción. Lo más sincero de toda la escena. De nuevo las miradas y la retrospectiva, en la que vemos cómo hubiera sido su vida juntos si vivieran en un mundo perfecto, sin contratiempos, complicaciones o incompatibilidades.


Termina la canción. La tensión que ha provocado entre los dos ese torbellino de emociones es palpable, casi se materializa. Vuelve la duda a la mirada de ella, como aquella vez en el restaurante, en que decidió salir corriendo de allí para reunirse con él en el cine. Pero la decisión que toma esta vez es muy diferente: se levanta de la silla con su nuevo marido, comparte una última mirada de complicidad con él, y ambos abandonan el club. Ella se decidió por su nueva vida: el éxito de su carrera pesó demasiado. Quién sabe si la vida le volverá a ofrecer otra oportunidad para decidirse.

Su andanza juntos les sirvió para reforzarse: ambos fueron para el otro el impulso que necesitaban para brillar. Lo que es seguro es que la huella que se han dejado mutuamente es muy difícil de borrar. Ambos se tendrán presentes el uno al otro durante el resto de su vida, como algo más que el mero recuerdo de una relación pasada.

Esto es una película, pero la realidad también es así de caprichosa: nuestra vida no siempre resulta tal como la habíamos imaginado, y a veces tenemos que transigir con ella, aceptando las cosas que no pueden ser. O puede que seamos nosotros, que dejamos escapar unas oportunidades por aferrarnos a otras que pensamos que nos van a hacer más felices. Nuestras ambiciones y expectativas nos ciegan en ocasiones, impidiendo que veamos lo que de verdad es esencial y lo que no lo es tanto.

Lo dicho... El sueño de tu vida no siempre se corresponde con la vida de tus sueños.


viernes, 3 de febrero de 2017

Soledad en compañía

Recuerdo un día especialmente desesperante, hace mes y medio. Uno de esos momentos en los que piensas que no puedes con más, que todos tus planes están saliendo mal, que nadie te entiende, que no le encuentras sentido a tu vida, que te sientes que la soledad te aplasta y que incluso las pequeñas cosas que necesitas para sobrevivir el día a día, están disipándose. Ese momento. 


No aguantaba más. Me acerqué a la cristalera del patio y me asomé. Era un bonito día invernal, de cielo despejado con colores rosados y tintes violáceos. Los pájaros, con sus estilizadas siluetas, hacían piruetas en el aire. Uno de esos días que se nos regala después de sufrir muchos otros de niebla, en los que sientes cierta libertad después de tanto tiempo de sombra. Pero yo me sentía encarcelada. 


Las lágrimas caían irremediablemente. Lloraba de rabia, pensaba ¿por qué me está pasando esto a mí? ¿por qué no puedo ser, simplemente, feliz? Miraba al cielo, y el cielo me devolvía la mirada. Me apoyé en la pared mientras observaba. Mi momento tiene que llegar, me repetía a mí misma. Mi impaciencia me aplastaba y me cegaba, me hacía desesperarme en mi angustia. Estuve un minuto o dos más, y me retiré. Me sentí notablemente mejor. Supongo que necesitaba desahogarme.

Ayer por la noche, mientras calentaba agua en la tetera, me volví a asomar a la misma cristalera. Han pasado muchas cosas desde entonces. Me apoyé en el lado contrario de la pared, miré al cielo (ahora totalmente negro), y me acordé de aquel día. Y me di cuenta de lo mucho que he avanzado en un mes y medio: me he hecho mucho más fuerte en muy poco tiempo. Y ahí estábamos las dos, de pie, una a cada lado de la cristalera. Me consolé a mi misma, consolé a aquella chica que lloraba mientras miraba el cielo violeta.

   - No te preocupes - me repetía - yo estaré siempre aquí, contigo, para consolarte y reforzarte... Siempre estaré a tu lado. 

Ayer me di cuenta de que nunca estamos solos, incluso en los peores momentos. Si estamos lo suficientemente atentos, podemos notarnos y sentirnos, podemos sacar fuerzas de donde parece que no hay... y sentir que podemos contar con nosotros mismos para siempre. 

¡Nos vemos en el próximo té!


martes, 31 de enero de 2017

La energía plutoniana

¿Los astros nos cuentan nuestra propia historia? ¿O somos nosotros los que construimos la nuestra bajo su atenta mirada?


Sea como sea, siempre me ha interesado el Zodíaco: desde que era muy pequeña he sentido mucha curiosidad por esto de los signos del horóscopo, las compatibilidades, las cualidades de cada uno, etc. Pero yo, en mi ignorancia vital sobre muchos asuntos, me quedé ahí, sin investigar más sobre el tema. Hasta que hace unos meses descubrí lo que es una "Carta Astral", y me pareció algo muy interesante (sobre todo si quieres matar el tiempo de alguna manera, como me pasaba a mí).

La Carta Astral o Carta Natal es un diagrama usado por los astrólogos que representa las posiciones de los planetas del sistema solar en relación a su emplazamiento en los diferentes signos y casas astrológicas en el momento y lugar en los que nació el individuo. O sea, que dependiendo de cuándo hayas nacido (fecha y hora) y dónde (latitud y longitud), tendrás una Carta Astral u otra. Ya no valdría con decir soy "tal signo" y tengo "estas características", sino que las características vendrán determinadas por las posiciones, conjunciones y relaciones entre los astros en el momento de tu nacimiento, que pueden llegar a ser muy complejas. Así, explicado muy someramente.

Hasta que descubrí todo este universo, nunca me había llegado a interesar por el significado del planeta Plutón (regente de Escorpio), pero vi que en mi Carta Astral, Plutón está en la casa 7, y en Escorpio. Me dije "vaya movida, esto tiene que significar algo, ¿no?".

Plutón es el símbolo de la transformación o metamorfosis. Representa la regeneración tras la detrucción: el Áve Fénix que resurge de sus cenizas. Muestra en qué medida estamos dispuestos a cambiar nuestro ser, y si somos capaces de hacerlo. Se asocia con la muerte y la sexualidad, con las cosas que permanecen ocultas al control emocional. La casa en la que está Plutón en la Carta Natal representa una parte profunda de nuestro ser que debemos encarar y transformar como algo positivo, algo muy relacionado con la superación personal. Guau. Y yo lo tengo en la casa 7, que es la casa de las relaciones

Plutón en la casa de las relaciones representa la necesidad de establecer relaciones simbióticas y apasionadas, de dominar o ser dominados, poder hipnótico sobre los demás, gran atractivo sexual, competitividad y luchas de poder en las relaciones... A través de las relaciones de pareja se proyecta la propia sombra y las debilidades en la otra persona, sin ver las de uno mismo. La energía plutoniana en la casa 7 hace que haya mucha tendencia a debates y discusiones que muchas veces degeneran en batallas cuando hay algún punto en el que no se está de acuerdo, de manera que el individuo tiende a exponer y dañar a los demás, pero no con el objetivo de hacerles verdadero daño, sino para hacerles conscientes de sus debilidades e intentar ayudarlos a salir de su error, haciéndolos "a su imagen y semejanza". La energía plutoniana bulle por dentro, y las frustraciones y fricciones que provoca en el plano de las relaciones, tanto de amor como de amistad, hacen que ahuyenten a la gente, o al revés, que se vean obligados a quemar puentes y romper lazos, sin entender exactamente por qué. Normalmente, suelen romper sus relaciones amorosas para forjar nuevos lazos o para buscar a alguien nuevo con quien comenzar otra relación. Y se sienten atraídos por personas con rasgos "plutonianos", incluyendo, claro está, a las personas bajo el signo de Escorpio. 

Bueno chic@s, este es el resumen de la historia de mi vida. Cuando leí estas palabras me sentí muy dolida, porque quizá también sea una forma extremista de expresar las cualidades de este emplazamiento, pero me sentí innegablemente identificada. ¿Por qué cuando alguien no me entiende,  o simplemente cuando intento ayudar a alguien que creo que está haciendo las cosas mal en la vida y no se da cuenta, me enzarzo en discusiones intensas e interminables? ¿Por qué me he visto emocionalmente obligada a romper absolutamente todos los lazos de amistad que tenía cuando sentí que no me valoraban o que no me entendían? ¿Por qué finalicé mi relación de pareja cuando me di cuenta de que me estaba perdiendo algo? ¿Será por esta energía plutoniana: la muerte y la transformación? Por no hablar de mi atracción por personas bajo el signo de Escorpio, que es fuerte, intensa y muchas veces... frustrante, pero siempre transformadora, para bien o para mal. 

A veces me pregunto si todo esto tendrá relevancia real en el mundo o si serán un conjunto de tonterías sin sentido. Me pregunto si esto determina que mis relaciones personales vayan a ser complicadas durante el resto de mi vida (tal como han sido hasta ahora), o si tengo la capacidad de cambiar esa circunstancia, o al menos aprender de errores y cicatrices pasadas para hacer menos daño, tanto a mí misma como a los demás. Porque algo que sí identifico es ese patrón autodestructivo en mis relaciones personales.

El caso es que ahora que Plutón transita Capricornio y el mundo está en crisis, es un buen momento para pensar en estas energías plutonianas, en esta oportunidad para la transformación y el cambio. Y más ahora que mi micromundo también se está transformando profundamente y yo estoy cambiando en muchos sentidos desde que mis energías chocaron frontalmente con las de un escorpiano. Esta es la energía de la vida y de la muerte, que nos transforma, pero solo si queremos; que cambia nuestra manera de entender la realidad, pero solo si lo permitimos o si estamos dispuestos a correr el riesgo. Ahora mi misión será sacar algo positivo de todo esto, sea cual sea el desenlace.

¡Nos vemos en el próximo té!

miércoles, 25 de enero de 2017

Perderse y encontrarse

Es curioso cómo uno se pierde y se encuentra...


Es curioso cómo las dificultades que se van interponiendo en tu camino te van cambiando poco a poco, sin que te des cuenta, hasta el punto que terminas perdiendo de vista tus deseos e inquietudes más primarias, olvidándote de qué viniste a hacer aquí. Y de repente, las nubes se despejan y vuelves a ver claro. Es más o menos lo que me ha pasado a mi.

El reto se me planteó cuando me fui a estudiar fuera. Todo me parecía un mundo. Sé que otras personas están contando las horas para que llegue el momento de irse de casa de sus padres a estudiar a la Universidad, pero no era precisamente mi caso. El miedo a lo que me iba a encontrar, cómo iba gestionar el estar en contacto con gente desconocida, lugares nuevos, calles desconocidas, gente desconocida, costumbres nuevas, hábitos nuevos... Me daba la sensación de que no podría con todo aquello. Por eso, cuando llegó la primera noche allí, ya sabía cuál iba a ser mi plan: tener el contacto justo y necesario con todo aquello que me aterraba. Y así lo hice.

El primer año, durante semanas y semanas solamente salía de casa para ir a la facultad y a la estación de autobuses. Mis salidas al centro de la ciudad solían ser solitarias, con un propósito fijo (hacer algunas compras y poco más) y siempre muy programadas: sabía a dónde iría, qué haría y cuánto tiempo me llevaría. Aunque, en honor a la verdad, me gustaba sentir ese gusanillo que te proporciona estrenar esa reciente libertad en una ciudad nueva, sin tener que dar explicaciones a nadie, rumbo a donde quisiera. Pero siempre estaba ese poso de miedo que hacía que todo me resultara difícil, que saliera sola, o que no me atreviera a decirle a alguien que me acompañara. Y poco a poco, te vas encerrando en tu mundo.

El tiempo se pasó muy rápido... ¡cuatro años! Puede que ayudara el hecho de que me centrara completamente en mis estudios y quedara poco tiempo para otras cosas, el ir y venir a casa prácticamente cada fin de semana, porque también sentía que no debía fallar a mis padres en la mala racha que estaban pasando, ya que para ellos reunirnos una vez a la semana suponía un poquito de oxígeno para afrontar los siguientes días con más fuerzas. Otra persona en mi lugar habría afrontado el miedo, la ansiedad y la soledad de forma más constructiva y más abierta, pero en aquel momento no tenía las herramientas necesarias para hacerlo, o al menos para darme cuenta de lo que debía hacer. No todo fue malo, pero sí recuerdo cuatro años duros, con muchas recompensas, pero difíciles y en cierto modo, vacíos de ciertas cosas que para mí eran importantes. 

Cuando la tormenta pasa, comienza a aturdirte el sonido sordo del silencio; quizá sea ese vacío que ha estado presente durante varios años seguidos, esperando a que le prestaras atención. Llegó el arrepentiemiento por el tiempo perdido, y me pregunté si podría haber hecho las cosas mejor. Pues claro que podría haber hecho mejor las cosas, todo siempre se puede mejorar; el problema es que en aquel momento no tenía los medios para hacerlo. Sobreviví con las armas de las que disponía por aquel entonces, y aunque volviera atrás en el tiempo, no lo haría de otra manera, porque ese aprendizaje era necesario para llegar al punto en el que estoy ahora.

Ahora se abre un capítulo nuevo y bonito, aunque un poco agridulce, siendo consciente de todas las cosas importantes que dejé atrás, y lo mucho que podrían haber mejorado si no las hubiera descuidado, pero con la alegría de saber que ahora tengo el tiempo y las herramientas para retomarlas, además de otras muchas fortalezas que, inevitablemente, se han adherido a mí durante el camino. Esto no me hace sino más fuerte, más capaz de ser dueña de mi vida, más consciente de lo que necesito y de lo que no, de lo que no debo perder bajo ningún concepto, de lo que no me hace bien y debo eliminar de mi vida, de lo que me da fuerzas para seguir, de dónde está el epicentro de todo en mi vida... Este es un capítulo para retomar la ilusión de una manera más consciente. Puede que haya perdido algo de tiempo, pero he ganado mucha fuerza. Aquí estamos para seguir.

(... y termino con una canción que me lleva de vuelta a la realidad.)


¡Nos vemos en el próximo té!

miércoles, 11 de enero de 2017

Algo bonito para ti

Hoy quiero dedicarte algo bonito. Algo bonito para ti. No lo hago con la esperanza de que algún día lo leas, sino porque creo que te mereces que alguien te dedique unas bonitas palabras. Por el propio placer que me provoca escribir algo bello para ti. Porque para qué sirven las palabras, sino para expresar lo que sentimos más adentro. 


Hoy me he sentido muy simple porque no he sabido entender tu complejidad desde el principio. He querido entenderte desde una perspectiva analítica y calculadora, desde la estadística de los gestos y las palabras, y eso me parece tan frío... Quizá sea por esa dualidad mía de querer ser tremendamente racional, cuando lo que soy es puramente emocional. El caso es que llevo tiempo queriendo abarcarte en toda tu totalidad, pero he querido entenderte racionalmente para sentirte, y eso es imposible. 

Hoy me he dado cuenta de que no eres el malo, nunca has pretendido serlo, y nunca lo has sido. Si te has sentido mal y te he notado distante no ha sido porque hayas creído que no necesitas a nadie, sino porque no consideraste adecuado mostrarte en un mal momento. Porque al fin y al cabo, tienes miedo a hacerlo.

Hoy me he dado cuenta de la historia que estará detrás de ti, y que yo desconozco por completo. Me he dado cuenta de todas las veces que te habrán roto el corazón y te habrás sentido en caída libre, o todas las veces que has llorado por dentro escuchando una canción, o todas las veces que has sentido esa soledad abrasiva y la necesidad de compartirla, o todas las veces que has sentido que no podía caber más felicidad en ti. O quizás nunca hayas sentido esto último, y eso es lo que más me preocupa. 

Hoy me he dado cuenta de todas las veces que te has sentido solo rodeado de un montón de gente y del miedo que hay detrás de todo eso. Me he dado cuenta que sigues esperando y buscando a alguien ahí fuera que abrace lo bueno y lo malo, con todas sus consecuencias, y que sea lo suficientemente valiente como para llenarse de la vida que a todos nos da tanto miedo. Pero a ti no, a ti la vida no te da miedo, solo los que no saben entenderla. Me he dado cuenta del miedo que sientes, porque aquellos con tanta sensibilidad prefieren que las personas de hoy no entren mucho dentro. Por eso te tomas tus tiempos para plantearte si de verdad alguien merece la pena. 

No puedo pretender poseer lo que es enteramente tuyo. No he hecho más que pensar egoístamente, ¿le gustaré? ¿no le gustaré? Hoy me he dado cuenta de la simpleza de mi preocupación. No puedo estar enfadada contigo porque no actúes como yo espero, o porque no sientas lo mismo que yo. Hoy no puedo estar enfadada contigo, ni creo que lo esté mañana tampoco, ni pasado... porque hoy... hoy te quiero. Pero no es un amor amargo, ni dulce, ni apasionado, ni iracundo, ni rencoroso, ni impaciente. Es un amor que solo siento y que no pienso, no tiene forma ni etiqueta, y eso es tan hermoso que me hace llorar. Pero no es por tristeza o por alegría, es porque viene a mí con toda su fuerza, y me desborda.

Hoy quería dedicarte algo bonito para ti... Espero que allá donde estés, lo sientas. 

martes, 10 de enero de 2017

La sombra que no vemos


Hoy lo he visto claro. Como si me pasara toda la vida por delante antes de morir, porque hoy he vuelto a morir un poco. Hacía años que no le veía en persona y había olvidado lo que me impone. Me jode que me pase esto porque quiero ser una persona un poco más fuerte que no se amilane tan fácilmente. Pero está claro que no lo he superado, y si me volviera a encontrar con él ahora, me pasaría lo mismo. Hay heridas que no se cierran; aunque la realidad es que él no me hizo ninguna, supongo que me las hice yo todas

Me pregunto qué hubiera pasado si yo no hubiera empezado a salir con otra persona; es decir, qué hubiera pasado si no me hubiera rendido con él y hubiera seguido intentándolo. Probablemente no habría salido bien, porque me hubiera encontrado con muchas frustraciones que no habría sabido manejar. De hecho, puede que ahora esté mucho más preparada para enfrentar una relación con una persona como él. Es increíble que después de ocho años (o quizá más) me siga pasando lo mismo, siga sintiendo lo mismo cuando le veo. Habría sido bonito que hubiéramos mantenido el contacto, que no hubiéramos perdido nuestra amistad... y habría sido bonito encontrarnos años más tarde, un poco más reforzados. Quizá entonces habría podido surgir algo mucho más sólido. Pero la realidad es que, desde hace unos años, está saliendo con mi amiga; él tiene sus sentimientos bien atados para que no se desboquen, porque siempre lo ha hecho así y se le ha dado bien, y yo estoy al otro lado de su mirada, destrozándome un poco por dentro, sin poder controlar cómo se va derrumbando toda la historia con la que me había convencido a mí misma de que estoy mejor como estoy. Hay verdades que duelen, sobre todo las que uno se niega a sí mismo.

Me siento muy simple viéndome superada por la presencia de un hombre, porque es algo en lo que no quiero creer. Pero a la vez qué complejo es todo... Sé la teoría: la típica historia de lo que nunca sucedió pero pudo haber sido, el tópico por excelencia de las canciones de amor más horteras, el estereotipo de que la chica debe quedarse suspirando porque así estamos distraídas y no concentradas en nuestros verdaderos problemas... Pero la práctica... ¡ay, la práctica! Entonces ya no es esa historia universal, repetida tantas veces que suena cansina, sino que es mi historia y la de él, mis sentimientos y los suyos, mi angustia que surge a borbotones de las profundidades sin poder hacer nada por evitarlo, los recuerdos que están ahí agazapados, y saltan cuando le miro a los ojos. Es ahí cuando todo me parece un mundo y me pregunto qué me está pasando, por qué sigo permitiendo que ocurra esto y qué puedo hacer para evitarlo. Y mi pregunta es, ¿esto se debe evitar? Rápido llego a la respuesta: evitarlo es lo que me ha llevado hasta este punto. Puede que liberar el dolor sea lo más sensato.

Pero quizá no sea su sola presencia la que me perturba, o el pensar que nunca haya podido estar con él, sino lo que representa para mí la relación que tuvimos, y como acabó todo. ¿Un fracaso, quizá? Culparme durante años por no haber sabido manejar la situación, por no haber sabido entenderle, por pensar que no era lo suficientemente buena para él, enrabietarme pensando qué tiene que tener una chica para merecerse estar con una persona así... no me ha ayudado. Y no solo eso, sino que esos pensamientos se han seguido realimentando en mi subconsciente durante tiempo. Llegados a este punto, he de reconocer que esta frustración ha sido una sombra siempre presente durante mi relación anterior, porque me rendí con él y abracé lo que me resultaba más fácil y familiar. Necesitaba urgentemente que alguien sanara todas las heridas que me había estado haciendo a mí misma, necesitaba alguien que me dijera que me quería, que estaba loco por mí, que estaría dispuesto a todo lo que yo le dijera... De nuevo, ahí tenemos la necesidad de la respuesta inmediata, o la necesidad de encontrar a alguien que haga que te dejes de lastimar emocionalmente, alguien que te ponga las cosas más fáciles. Un bálsamo, por así decirlo.

Como todo lo que ocurre en mi vida empieza y se desarrolla despacio, supongo que dilaté demasiado el momento de volver a pensar en todo esto. Concretamente, ocho años. Estaba demasiado tranquila como para querer revolver viejos rumores del pasado, hasta que sucedió algo que me recordó todo este episodio, y por fin me di cuenta de que esto es una de las asignaturas pendientes más importantes de mi vida. El desafío está planteado. Reencontrarme con él justo cuando estoy en esta encrucijada vital no ha sido casualidad (o quizás si); ha sido un recuerdo de que lo que estoy haciendo ahora, lo estoy haciendo por algo. Es el reflejo que ha estado ahí, esperando a ser visto.

¡Nos vemos en el próximo té!